miércoles, 8 de abril de 2020

Día 24. Botánica y tres hurras por el káiser.




Día 24, a 7 de abril de 2020

Los dioses me han vuelto a sonreír un poco, las cervezas que suelo comprar en el supermercado estaban de nuevo en los estantes. Una pequeña compra de alimentos y treinta latas de birra, gran éxito. Entre ayer y hoy he estado pensando sobre mi oficio, que no sobre mi trabajo. Después de dos años de intenso estudio me sentía plenamente capacitado para comerme el mundo, de hecho lo estaba, al igual que algunos de mis compañeros. Tanto ellos como yo solo nos hemos encontrado con arrogantes y viles explotadores que nos han puesto bajo las órdenes de personajes igualmente arrogantes y peor preparados que nosotros; realizando las tareas más repetitivas, sencillas y pesadas del sector. Todo esto al final te lleva al punto de tener un oficio que te gusta a algo que detestas. Juan Cabezuelo me pidió unos consejos profesionales sobre unas plantas que tiene en su terraza, unos kalanchoes concretamente; le asesoré lo mejor que pude pero aún así me resulta frustrante el no poder asesorar a un amigo que me pide consejo sobre cosas que he estudiado en profundidad. Espero haber podido servir de buena orientación a Cabezuelo, es un tío de la hostia y se merece lo mejor.
   El año pasado aprobé el acceso para mayores de 25 años a la universidad, tratando después de tantos de años de poder estudiar historia, mi auténtica vocación; decidí dejarme de mierdas y ponerme con lo que realmente me gusta de una puta vez. Con el acceso aprobado no pude ponerme a estudiar, porque España es un país con una educación de la hostia pero si no tienes pasta te quedas sin estudiar. Así funcionan las cosas, siempre el puto dinero, y el único que me pagaría incluso una vida de vicios y banalidades está sin blanca, mi hermano, tío.
   Mi hermano es realmente quien me ha criado, ese maestro zen auténtico que casi nadie consigue conocer; porque el maestro te muestra el camino y deja que aprendas libremente. Desde que era pequeño me ha inculcado el valor más importante de todos para mí, el de la libertad. Mientras, leo en la prensa que en Alemania se puede salir a dar un paseo, a correr y montar en bici incluso acompañado por las personas con las que vives, aquí un policía te puede pedir hasta el ticket de la compra. Tres hurras por el káiser.