Hoy
he finalizado un cómic cojonudo, Scalped,
de Jason Aaron, la serie consta de unos sesenta números. Trata sobre una
reserva india y sus habitantes. Drogas, alcohol, juego. Acompañada de sus
respectivas violaciones, asesinatos, adicciones, etc… y todo orquestado por el
FBI. No tuvieron suficiente con joderles las tierra que también tuvieron que putear
a todas las generaciones posteriores.
Siempre he sido aficionado al western, de chaval disfrutaba a lo grande viendo a John
Wayne, un tío con carácter agrio pero a la vez con buen corazón. Rescatando
damiselas secuestradas por los maléficos indios, peleando en sórdidos bares… dándoles duro a
los indeseables
Es curioso que cuando más adulto me hacía y
más conocía la conquista del salvaje oeste más odiaba a los rostros pálidos.
Invasores, saqueadores, asesinos, violadores… ¡exterminadores! Inclusive
propagaron enfermedades para erradicar de cuajo la simiente nativa americana. ¿Os suena lo de la propagación de
enfermedades? ¡ahí lo dejo!
En mi edad adulta, cuando veo un western siempre
soy partidario del bando indio. Confinado en estas cuatro paredes llamadas mi
hogar puedo hacer el paralelismo con las reservas indias, me siento acosado por
fuerzas que puedo comprender pero no combatir. Puedo sentir el aliento del invasor
en la nuca, puedo intuir el control de
mi vida de mano de un puñado de hijos de puta desalmados. Mi gente en
peligro, las cosas que siempre he amado sometidas
al escrutinio del poderoso, el control como herramienta al servicio del poder.
La avaricia ha mutado muy poco desde que el hombre blanco conquistó las tierras
de los Cherokees , Apaches, Cree, Crow…
este listado sería muy largo, hasta 560 tribus nativas americanas reconocidas.
En esta película SOBRE INDIOS Y VAQUEROS que
nos ha tocado vivir, sin duda soy un jodido INDIO.