Día 25, a 8 de abril de 2020
Acabo de tirar la basura, quedan 43 minutos para la media noche. En la calle entran ganas de bajarte con un par de latas frías de cerveza y sentarse en un banco, aspirar la nocturnidad primaveral y disfrutar del buen tiempo. Todo está desierto y eso hace que uno tenga más ganas de estar fuera, pero no puede ser, nos han dicho que eso no puede ser. Personas insultan a otras por redes por salir a correr, parece que ahora salir a hacer deporte en solitario y al aire libre te convierte en el peor criminal del mundo; si cuando esto pase te dedicas a repartir sobres con ántrax por los buzones no serías tan hijo de puta a ojos de los demás. El concepto de héroe está cambiando, aunque lleva mucho tiempo haciéndolo. El héroe ya no es ese tipo que realiza hazañas singulares, eso ahora mismo está mal; la heroicidad se basa meramente en la obediencia ciega. Los medios de comunicación rugen sobre epopeyas de personas que o bien están cumpliendo con su trabajo o que están encerradas como ratas para que las medidas gubernamentales no les terminen de aplastar. No se quiere singularidad, se quiere masa y uniformidad; uniformidad de actuación, de pensamiento o más bien de carencia del mismo. Un monstruoso muro de hormigón social sobre el que cualquier oleaje de pensamiento crítico rompa para convertirse en solo espuma, en un rumor.
Lo primero que he visto esta mañana ha sido como mi viejo me tocaba los cojones a través del teléfono. Hay personas que cuando están aburridas parece que solo obtienen algún tipo de placer cuando joden a los demás. Mi madre murió hace un par de años, cosa que me dejó bastante frío, la verdad; no entiendo muy bien el valorar de una forma más positiva a alguien cuando ha muerto. Algún día no muy lejano el viejo también se irá al agujero y desde luego tampoco pienso darle más valor del que tiene, cero.
Lo primero que he visto esta mañana ha sido como mi viejo me tocaba los cojones a través del teléfono. Hay personas que cuando están aburridas parece que solo obtienen algún tipo de placer cuando joden a los demás. Mi madre murió hace un par de años, cosa que me dejó bastante frío, la verdad; no entiendo muy bien el valorar de una forma más positiva a alguien cuando ha muerto. Algún día no muy lejano el viejo también se irá al agujero y desde luego tampoco pienso darle más valor del que tiene, cero.