jueves, 9 de abril de 2020

Veintiséis seis seis




Me levanto malhumorado sin ningún motivo aparente. Todo me parece mal. El mundo me parece mal. La cara de subnormales de muchos tipos (y tipas) que muestran cómo hacen deporte en casa (no de todos, joder, hay peña que lo hace siempre y me parece bien). Las tartas caseras que aparecen en fotos de Instagram, con el repostero o la repostera luciendo lorza y marcando alegría en el rostro. Los jodidos hashtag #yomequedoenmiputacasa con el protagonista sonriendo como si nada estuviese pasando (¿Tenemos la opción #yocontaminoalosyayosymevoydefarra?). Los mensajes positivistas obviando el problema, que no es otro que un virus que está arrasando con el planeta y con los
sistemas sociopolíticos. Me parece mal la sinrazón generalizada. Todo me parece mal. Los camiones de bomberos con las sirenas a todo volumen y lanzando mensajes baratos del tipo: «¡Quédate en casa! ¡Juntos podemos vencer al bicho! ¡Yupi, yupi!». Ayer era una gripe sin importancia, hoy podemos palmar si no tenemos cuidado. Ayer nos expusieron como putas cobayas de laboratorio y permitieron fiestas multitudinarias, manifestaciones y reuniones masivas, hoy temen que todo se vaya a la puta mierda y se les joda el chiringuito.
    Ahora mismo, si miro a mi estantería, veo el puto gel de alcohol con el que me estoy desinfectando las manos cada vez que salgo fuera de casa. Si voy al baño, en el bidé tengo una bayeta con la que desinfecto el morro y las patas de mi perrita (que tiene tres meses y no entiende una puta mierda). Mi mujer va a comprar que parece una terrorista del IRA con ganas de matar católicos (o protestantes, ya no me acuerdo).
    Me levanto con ganas de hacerme con un arma y matar comeflores, follapiedras y abrazaárboles. Ese maldito neohippismo de los cojones, invasor de mentes pútridas, que antes nos intentaban decir que era malo y que ahora el mismo gobierno nos inyecta por vía televisiva. Somos héroes, ¿héroes? ¿Qué cojones? Somos muñecos en manos de un niño, las piezas de uno de esos juegos en los que de repente vuelcas una ficha de dominó y todo empieza a caer sin parar.
    No me da miedo morir, la verdad. Me aterra infectar a mis seres queridos. Me da miedo ver cómo todas nuestras libertades se van a la mierda y la gente sonríe y da palmas en sus balcones. Me da miedo que se me vaya la olla y vuelva a mi antigua vida. Me da miedo sentir miedo, ¿por qué? Porque conozco el miedo mejor que nadie.
    Por momentos olvido que esto es un diario, joder, y que debemos ser corderos positivos y mostrar nuestro día a día.
    Allá va:
    Me estoy comiendo un yogurt con trozos de piña. Cuando termine, me pondré la ropa de deporte, manosearé un poco mi rabo y me grabaré haciendo series de bíceps mientras marco paquete y sonrío como un jodido mono de feria.