Me levanto malhumorado
sin ningún motivo aparente. Todo me parece mal. El mundo me parece mal. La cara
de subnormales de muchos tipos (y tipas) que muestran cómo hacen deporte en
casa (no de todos, joder, hay peña que lo hace siempre y me parece bien). Las
tartas caseras que aparecen en fotos de Instagram, con el repostero o la repostera
luciendo lorza y marcando alegría en el rostro. Los jodidos hashtag #yomequedoenmiputacasa
con el protagonista sonriendo como si nada estuviese pasando (¿Tenemos la
opción #yocontaminoalosyayosymevoydefarra?). Los mensajes positivistas obviando
el problema, que no es otro que un virus que está arrasando con el planeta y
con los
sistemas sociopolíticos. Me parece mal la sinrazón generalizada. Todo me parece mal. Los camiones de bomberos con las sirenas a todo volumen y lanzando mensajes baratos del tipo: «¡Quédate en casa! ¡Juntos podemos vencer al bicho! ¡Yupi, yupi!». Ayer era una gripe sin importancia, hoy podemos palmar si no tenemos cuidado. Ayer nos expusieron como putas cobayas de laboratorio y permitieron fiestas multitudinarias, manifestaciones y reuniones masivas, hoy temen que todo se vaya a la puta mierda y se les joda el chiringuito.
sistemas sociopolíticos. Me parece mal la sinrazón generalizada. Todo me parece mal. Los camiones de bomberos con las sirenas a todo volumen y lanzando mensajes baratos del tipo: «¡Quédate en casa! ¡Juntos podemos vencer al bicho! ¡Yupi, yupi!». Ayer era una gripe sin importancia, hoy podemos palmar si no tenemos cuidado. Ayer nos expusieron como putas cobayas de laboratorio y permitieron fiestas multitudinarias, manifestaciones y reuniones masivas, hoy temen que todo se vaya a la puta mierda y se les joda el chiringuito.
Ahora mismo, si miro a mi estantería, veo
el puto gel de alcohol con el que me estoy desinfectando las manos cada vez que
salgo fuera de casa. Si voy al baño, en el bidé tengo una bayeta con la que
desinfecto el morro y las patas de mi perrita (que tiene tres meses y no
entiende una puta mierda). Mi mujer va a comprar que parece una terrorista del
IRA con ganas de matar católicos (o protestantes, ya no me acuerdo).
Me levanto con ganas de hacerme con un arma
y matar comeflores, follapiedras y abrazaárboles. Ese maldito neohippismo
de los cojones, invasor de mentes pútridas, que antes nos intentaban decir que
era malo y que ahora el mismo gobierno nos inyecta por vía televisiva. Somos
héroes, ¿héroes? ¿Qué cojones? Somos muñecos en manos de un niño, las piezas de
uno de esos juegos en los que de repente vuelcas una ficha de dominó y todo
empieza a caer sin parar.
No me da miedo morir, la verdad. Me aterra
infectar a mis seres queridos. Me da miedo ver cómo todas nuestras libertades
se van a la mierda y la gente sonríe y da palmas en sus balcones. Me da miedo
que se me vaya la olla y vuelva a mi antigua vida. Me da miedo sentir miedo,
¿por qué? Porque conozco el miedo mejor que nadie.
Por momentos olvido que esto es un diario,
joder, y que debemos ser corderos positivos y mostrar nuestro día a día.
Allá va:
Me estoy comiendo un yogurt con trozos de
piña. Cuando termine, me pondré la ropa de deporte, manosearé un poco mi rabo y
me grabaré haciendo series de bíceps mientras marco paquete y sonrío como un
jodido mono de feria.
