Siento mucho el título, que nada tiene que ver con el tema de mi diario (o si), pero no he podido evitar el chascarrillo. Estamos en unos momentos en que todo el mundo ha entrado en estado histriónico, y se rompe las manos aplaudiendo a los trabajadores de nuestro sistema sanitario. Ayer, mi hermano del G.S., Juan Cabezuelo, escribía sobre lo fácilmente que nos olvidaremos de los sanitarios, en cuanto el estado de alarma finalice. Que nadie se asuste, no es una crítica en particular, es generalizada. Todo el mundo se acuerda de Santa Bárbara cuando truena y de San Isidro cuando no llueve. Pero cuando ya no los necesitemos… Cinco, por el culo te la hinco (al final sí que ha servido el título). Ahora todos los políticos se pelean sobre quien es el culpable de que todo el sistema este colapsado. Que si cuando estabas tú se redujeron los presupuestos, que si cuando llegaste tú no los aumentaste. Peleas inútiles, porque agua pasada no mueve molinos. Dejad de buscar excusas, y
poneros a trabajar, joder. Tanto mensajito en redes, de juntos podemos, entre todos ganaremos, y mierdas de esas de cara a la galería. Son escoria, y como tal se comportan…. ¿Acaso podríamos esperar otro comportamiento? Como decían en la mili: “El que vale, vale, y el que no, para cabo”. El ser humano siempre ha puesto a mandar, y en cargos de responsabilidad, a los más inútiles de la tribu. Como decía Laurence J. Peter en su teoría del “Principio de Peter”: "Los trabajadores son ascendidos constantemente a puestos de mayor responsabilidad, hasta que llegan a un punto en que alcanzan su mayor nivel de incompetencia". Esto se puede aplicar a los políticos, que si bien en pequeños cargos son competentes y realizan bien su trabajo, llega un momento que de tanto ascender en el escalafón del partido, ocupan un lugar en el que muestran su más alta cota de incompetencia para esa posición, ya que les sobrepasa.
poneros a trabajar, joder. Tanto mensajito en redes, de juntos podemos, entre todos ganaremos, y mierdas de esas de cara a la galería. Son escoria, y como tal se comportan…. ¿Acaso podríamos esperar otro comportamiento? Como decían en la mili: “El que vale, vale, y el que no, para cabo”. El ser humano siempre ha puesto a mandar, y en cargos de responsabilidad, a los más inútiles de la tribu. Como decía Laurence J. Peter en su teoría del “Principio de Peter”: "Los trabajadores son ascendidos constantemente a puestos de mayor responsabilidad, hasta que llegan a un punto en que alcanzan su mayor nivel de incompetencia". Esto se puede aplicar a los políticos, que si bien en pequeños cargos son competentes y realizan bien su trabajo, llega un momento que de tanto ascender en el escalafón del partido, ocupan un lugar en el que muestran su más alta cota de incompetencia para esa posición, ya que les sobrepasa.
Pero hablemos de los trabajadores del sistema sanitario. A continuación insertaré un relato que escribí hace muchos años sobre ese tema.
Por un puñado de dólares
Como reza el título de esta reflexión, ese es el salario con el que son recompensados a final de mes los trabajadores del sector sanitario público en nuestro país. Alguna vez he escuchado a algún energúmeno “Filosofo de Bar” quejarse de ellos.
—Es que yo pago su sueldo.
—Sí, señor mío, usted, yo, y ellos mismos. ¿No sabe que también hay retenciones en sus nóminas?
Francamente me parece muy bien que parte de mis impuestos se destine a la sanidad pública. Ojalá fuese más, y menos a las casas reales, gobiernos varios, senados, diputaciones, ayuntamientos y rescates bancarios. Esos trabajadores se ensucian las manos, y no con dinero negro, sino con nuestra sangre, nuestras heces y nuestra orina, cada vez que tienen que cuidar a un enfermo. Desde el más brillante cirujano, hasta el último camillero, todos han escogido una profesión que presta ayuda a los demás seres humanos. Me resulta muy gracioso escuchar al político de turno, vanagloriarse, y afirmando que él ganaría mucho más en el sector privado, pero que renunció a ello por su vocación de servicio público. ¿Renunciar, en que empresa privada, pagarían seis mil euros a un analfabeto?
Sí, habéis leído bien. El alcalde de mi pequeño pueblo, de quince mil habitantes, tiene fijado un salario oficial de seis mil euros. Y aún estoy esperando verle hacer bien la O con un canuto, aunque sea con la ayuda de algún concejal.
Vivimos en un país en el que el sistema sanitario público ha funcionado siempre. No es rápido, hay lista de espera, pero ¿Podría ser debido a la falta de recursos? Recientemente he tenido un familiar ingresado. Ni que decir tiene que no nos ha faltado una sonrisa, unas palabras tranquilizadoras, y una excelente labor, paliando el dolor del enfermo.
—Es que yo pago su sueldo —continua diciendo el imbécil mientras se pide otra copa de coñac.
—Pues bien señor, aun así, ese puñado de dólares nunca será suficiente.