Día 27, a 10 de abril de 2020
Está mañana han cambiado las tornas, ha venido antes la defecación que el café y el cigarro. Me senté en el ordenador a leer las crónicas de mis camaradas Salvajes y a ojear mi cuenta bancaria; joder, he cobrado esta mañana, eso sí que no me lo esperaba. He cobrado mi sueldo íntegro, bueno, más bien lo que el señor feudal al que sirvo considera que es mi sueldo integro; no me pagan ningún jodido mes lo mínimo que deberían por ley, pero ese es otro asunto que resolveré con mi abogada cuando acabe todo esto.
Estuve emitiendo un programa de radio de forma intermitente durante años, una de mis pasiones. Se llamaba La Noche Grave, y en su época de mayor audiencia se convirtió en un simple podcast. Comencé emitiendo en una radio por internet en Legazpi; después pasaron años sin emitir y mi hermano presentó su primera novela en El Kiebro, un bar de Fuenlabrada que estaba regentado por un hombre comprometido con la cultura. Chuchi es como llamaban al dueño del bar, un hombre que me trató como pocos, que facilitaba un espacio para eventos culturales entre los que entraba la radio. Tras eso terminé grabando los programas en mi casa y, por razones diversas, cesé la actividad y lo metí en un cajón. Nunca he visto un céntimo por la radio, en todo caso invertí en ello, y nunca me desanimó ese hecho. Hoy he visto que una asociación de actores en España pide no compartir nada de cultura en redes durante dos días por la pandemia, como protesta por no ver dinero a consecuencia de las medidas gubernamentales. Entiendo que haya personas viviendo de la cultura, pero no me sale de los cojones privar a la gente de poder disfrutar del arte; la creación artística, bajo mi punto de vista, es lo único realmente bueno que hace el ser humano, si le quitamos eso, nos convertimos en meros supervivientes. Todo esto me ha dado ganas de volver a la radio en cuanto me sea posible, a seguir escribiendo a diario y compartir las creaciones de mis amigos porque una sociedad sin cultura es una sociedad hueca. No solo radio, mi único poemario publicado tampoco me ha dado dinero; sin embargo, estoy muy orgulloso de mi obra y me ha causado una enorme satisfacción. Por supuesto que me gustaría poder vivir de la radio o de la escritura, incluso de una mezcla de ambas; pero este mundo es una puta mierda que no va a deprimirme aún más de lo que ya lo ha hecho.
Hoy el señor Ryan nos ha dedicado a Juan Cabezuelo y a mí una versión de Folsom Prison Blues, algo que me ha hecho mucha ilusión. Johnny Cash nunca faltaba en La Noche Grave y nunca faltará en ningún programa de radio que haga en el futuro. El señor Ryan también me ha sorprendido poniéndose a trabajar en una versión de la canción The Bonnie Blue Flag, un día lleno de agradables sorpresas, como un pequeño paraíso tropical rodeado de un mar de hijos de la gran puta. La tarde ha sido agradable, a pesar de las nubes de la tormenta de mierda en el horizonte. Hablé un rato con mi hermano, típica charla de decir atrocidades y carcajear como si se fuera a acabar el mundo; maldeciré a los dioses si algún día me quedo sin eso. Hacer pesas, un poquito de dorsal y bíceps; ver Crónicas carnívoras y hacer el amor apasionadamente. Apocalipsis, aquí estoy, si tienes cojones ven a por mí.
Está mañana han cambiado las tornas, ha venido antes la defecación que el café y el cigarro. Me senté en el ordenador a leer las crónicas de mis camaradas Salvajes y a ojear mi cuenta bancaria; joder, he cobrado esta mañana, eso sí que no me lo esperaba. He cobrado mi sueldo íntegro, bueno, más bien lo que el señor feudal al que sirvo considera que es mi sueldo integro; no me pagan ningún jodido mes lo mínimo que deberían por ley, pero ese es otro asunto que resolveré con mi abogada cuando acabe todo esto.
Estuve emitiendo un programa de radio de forma intermitente durante años, una de mis pasiones. Se llamaba La Noche Grave, y en su época de mayor audiencia se convirtió en un simple podcast. Comencé emitiendo en una radio por internet en Legazpi; después pasaron años sin emitir y mi hermano presentó su primera novela en El Kiebro, un bar de Fuenlabrada que estaba regentado por un hombre comprometido con la cultura. Chuchi es como llamaban al dueño del bar, un hombre que me trató como pocos, que facilitaba un espacio para eventos culturales entre los que entraba la radio. Tras eso terminé grabando los programas en mi casa y, por razones diversas, cesé la actividad y lo metí en un cajón. Nunca he visto un céntimo por la radio, en todo caso invertí en ello, y nunca me desanimó ese hecho. Hoy he visto que una asociación de actores en España pide no compartir nada de cultura en redes durante dos días por la pandemia, como protesta por no ver dinero a consecuencia de las medidas gubernamentales. Entiendo que haya personas viviendo de la cultura, pero no me sale de los cojones privar a la gente de poder disfrutar del arte; la creación artística, bajo mi punto de vista, es lo único realmente bueno que hace el ser humano, si le quitamos eso, nos convertimos en meros supervivientes. Todo esto me ha dado ganas de volver a la radio en cuanto me sea posible, a seguir escribiendo a diario y compartir las creaciones de mis amigos porque una sociedad sin cultura es una sociedad hueca. No solo radio, mi único poemario publicado tampoco me ha dado dinero; sin embargo, estoy muy orgulloso de mi obra y me ha causado una enorme satisfacción. Por supuesto que me gustaría poder vivir de la radio o de la escritura, incluso de una mezcla de ambas; pero este mundo es una puta mierda que no va a deprimirme aún más de lo que ya lo ha hecho.
Hoy el señor Ryan nos ha dedicado a Juan Cabezuelo y a mí una versión de Folsom Prison Blues, algo que me ha hecho mucha ilusión. Johnny Cash nunca faltaba en La Noche Grave y nunca faltará en ningún programa de radio que haga en el futuro. El señor Ryan también me ha sorprendido poniéndose a trabajar en una versión de la canción The Bonnie Blue Flag, un día lleno de agradables sorpresas, como un pequeño paraíso tropical rodeado de un mar de hijos de la gran puta. La tarde ha sido agradable, a pesar de las nubes de la tormenta de mierda en el horizonte. Hablé un rato con mi hermano, típica charla de decir atrocidades y carcajear como si se fuera a acabar el mundo; maldeciré a los dioses si algún día me quedo sin eso. Hacer pesas, un poquito de dorsal y bíceps; ver Crónicas carnívoras y hacer el amor apasionadamente. Apocalipsis, aquí estoy, si tienes cojones ven a por mí.