jueves, 9 de abril de 2020

Día 26 – Quince millones de monedas de plata.


Salió barato traicionar a Jesucristo, si lo comparamos con el coste de hacerlo con el pueblo. Judas cobró treinta monedas de plata, una miseria al lado de las quince millones que han cobrado las televisiones privadas. Todos tenemos un precio, eso está claro. Yo por quince millones me pego de hostias con quien critique al gobierno y a nuestros amados caudillos. Pero, como de momento no me ha llegado la transferencia, me voy cagando en su puta madre.

Uno de los pilares de una sociedad democrática y plural, son los medios de comunicación, Por supuesto que cada uno tiene su línea editorial y barre para su casa. La prensa de derechas criticará siempre a un gobierno de izquierdas, y viceversa. Pero la pluralidad de opiniones es lo que te da la oportunidad de valorar información y sacar tus propias conclusiones. Está claro que a ningún estado
le gustan las opiniones críticas, e intentarán por todos los medios silenciarlas. En regímenes totalitarios es muy fácil hacerlo, y así se hizo en la Alemania nazi, en la URSS soviética, y en la España Franquista, entre otros. Pero ahora en nuestro país existe una democracia, ¿no es así? ¿Por qué entonces todas las televisiones privadas dan como bueno el relato del estado, sin cuestionarse absolutamente nada? Quince millones de monedas de plata tienen la culpa. Y vuelvo a decir que lo puedo llegar a entender. Yo por esa cantidad derribo la Sagrada Familia de Barcelona con un pico y una pala, si me lo piden.
    Pero yo no soy un referente de información ciudadana. Yo no me dirijo a la cámara con ese aire de superioridad moral y conocimiento de la verdad absoluta que se gastan los presentadores de los informativos. Eran, son, y serán una mafia, y en estos días ha quedado más que patente. De todos modos, insisto, si mañana me llega la transferencia del gobierno, vais a alucinar como va a cambiar este diario. Todo será de color de rosa, y nuestros gobernantes estarán haciendo una gestión que no la podría mejorar ni el mismísimo Dios. Pero, por el momento, no he vendido mi alma, como ellos. ¿Cuántas voces críticas con la gestión de la pandemia se están escuchando en las televisiones privadas? Ninguna, son estómagos agradecidos a los que les importa una mierda la información que dan. Lo que les importa es lo que les paguen por ella, y ya han cobrado. Me asquean los datos falseados con que nos bombardean, que si el pico de la enfermedad ya ha llegado, que si el gobierno da ayudas a trabajadores, autónomos y pequeñas empresas, que si todos juntos podemos, que lo vamos a conseguir… Y la que más asco me da, que somos héroes. ¿Héroes por quedarnos en casa controlados por la policía y el gobierno? Joder, no me hagas reír.
    Y hablando de reír… Me dan ganas de vomitar cuando veo a futbolistas, actores, cantantes, haciendo vídeos mostrando lo felices que son. Hijos de puta, se está muriendo gente y nuestro país se va a la mierda. ¿Qué coño tiene eso de gracioso o de feliz? Estáis aborregando a la gente. Las redes sociales se ven inundadas de mensajes de personas que han comprado ese relato. Están felices, muestran como hacen gimnasia, cocinan, tocan instrumentos musicales, cantan, y mil tonterías más para demostrar que no hay nada por lo que estar triste. Parece que esto sea una fiesta.
    Ayer hablaba con mis hermanos del G.S. (Daniel Aragonés, Juan Cabezuelo, David Alarcón, Javinho Do Sousa, y Joan Cabotti) y si no fuese por estas conversaciones, creo que me volvería loco. Al menos algunos no vivimos en los mundos happyflorianos en los que se encuentran sumidos infinidad de individuos. Puede ser que tal vez pequemos de pesimismo, de catastrofismo, y ojalá que sea así, ojalá que cuando salgamos de esto todo haya sido una broma, que tengan razón los medios y no nosotros.
    Hoy en día, y más en estas fechas de semana santa, todos recuerdan la traición de Judas. Solo me gustaría pediros que en el futuro tampoco olvidarais la traición de los medios de comunicación.