Siempre me he considerado un humanista liberal. En el sentido de querer ejercer en todo momento mi voluntad (sin ánimo de hacer daño a nadie, si no hay motivo para ello). Ya lo he escrito en las páginas de este diario varia veces. No me gustan las imposiciones. Yo no impongo nada a nadie, que cada cual haga lo que le parezca. ¿Por qué entonces hay tanta gente a la que le encanta mandar?
En realidad, con la edad me he dado cuenta que soy un anarquista. Pero no un anarquista de postal, que se viste como en las fotos de los años treinta y tiene su casa repleta de posters y banderas de la causa. ¿Cuál es la definición según la RAE de anarquismo? Cito textualmente: “Doctrina que propugna la supresión del Estado y la eliminación de todo poder que constriña la libertad individual”. No me gusta el control del estado, es peligroso, y está siempre a un paso de convertirse en una tiranía (tema recurrente en mis dos novelas, Arcadia, y Luz en el lado oscuro) y detesto cualquier poder que
limite la libertad individual. ¿Por qué los que se autodefinen anarquistas no siguen estos principios? Creo que porque son eso, principios y no normas. Por tanto, si un anarquista decide, ejerciendo su libertad individual, convertirse en un borrego y asociarse a un estamento que va a pensar y tomar decisiones por él, no deja de ser un anarquista, ya que es una elección propia.
limite la libertad individual. ¿Por qué los que se autodefinen anarquistas no siguen estos principios? Creo que porque son eso, principios y no normas. Por tanto, si un anarquista decide, ejerciendo su libertad individual, convertirse en un borrego y asociarse a un estamento que va a pensar y tomar decisiones por él, no deja de ser un anarquista, ya que es una elección propia.
¿A qué viene todo este rollo? Pues por el parón cultural de cuarenta y ocho horas que se ha solicitado desde (en principio eso parece, a riesgo de estar equivocado) la asociación de actores y actrices españoles, por la negativa ministerial de crear fondos específicos para este sector. No voy a criticar a amigos míos (músicos y literatos) por ejercer su derecho a hacer esta huelga. Todo el mundo tiene derecho a hacer lo que le salga de sus santísimos cojones. Incluso me pueden pedir a mí que haga lo mismo, pero no tienen ningún derecho a exigirme que les imite. Ningún anarquista debería obligar a nadie a hacer algo, ya que eso es una incongruencia tan grande que podría crear un agujero negro y fundir todo el universo. No amigo, haz lo que quieras… Yo haré lo mismo.
Me da pánico seguir los dictámenes de una gente que no conozco en absoluto, y con la que no comparto ningún vínculo. —Es que tú también te dedicas a la cultura —me diréis. Sí, es cierto, pero también me gustan las hamburguesas, y no por ello haré lo que me pida el señor Mc Donald’s. Nunca, nunca… y lo repito una tercera vez, como San Pedro negó a Jesús, precisamente en estas fechas en que estamos… Nunca he recibido un céntimo de ninguna organización estatal para subvencionar mi trabajo. Si es tu caso, comprendo que te enfade el que te cierren el grifo. Pero no, a mí no me han regalado nada, y no pienso renunciar a ejercer mi labor “cultural” por imposición de nadie.
No soy insolidario. Me uno a las causas que yo creo justas, no a las que me dicen que lo son. Desde el origen de la humanidad, tanto gurús, como caudillos, como religiones, y como señores feudales, han ejercido el “ordeno y mando”. Yo pienso seguir así, no voy a obedecer los dictámenes de una asociación de actores y actrices a los que ni conozco ni me apetece conocer. No digo que su causa no sea justa, solo digo que no es la mía.
Y no me odies por esto…. ¿Qué digo? Perdona, ódiame si quieres. Como anarquista no pretendo obligarte, y como persona… Francamente, me importa una mierda lo que pienses de mí.