domingo, 12 de abril de 2020

Día 29 – Seis puntos básicos para crear tu propia dictadura.


Hoy ha sido un día muy tedioso. El maldito día de la marmota. Me levanto, y enciendo un cigarrillo en primer lugar (sigo el decálogo de Humphrey Bogart), me preparo un café, y arranco el ordenador. Todo ello en un bucle que ya dura veintinueve terroríficos días. Empiezo a buscar en las redes sociales, y observo con envidia cómo la gente comparte sus magníficas actividades felices. Quiero imaginar que son reales, me encantaría por ellos (no le deseo el mal a nadie). Pero, hay una cosa que intuyo está pasando. Ya he leído varias publicaciones en que la gente empieza a discutir, incluso con fervor. Estamos en un mundo muy polarizado en que la gente se posiciona en un bando, de un modo incuestionable. No hay lugar para el debate, hay que seguir las directrices del líder. No me gusta ser un cordero del rebaño, si tuviese que escoger, me gustaría ser pastor o caudillo. ¿Pero cómo conseguir mi propia secta? He recordado que me respondí a mí mismo en una antigua reflexión que me gustaría escribir aquí. Puede ser que a alguien que me lea, y más si es un político, le pueda interesar.

Seis puntos básicos para crear tu propia dictadura:


Para convertirte en un buen dictador, ya sea en una secta, grupo de opinión, o país (en caso de que pienses a lo grande) los parámetros son prácticamente idénticos. Si estas decidido a dar el paso, y convertirte en líder supremo, te aconsejo que leas este decálogo.

1- Toma plena conciencia de que ocurra lo que ocurra, siempre vas a tener la razón.

2- Identifica a un enemigo, no importa si es palpable o imaginario, eso ya depende de tu capacidad de observación o espíritu creativo. Como ejemplos reales, puedes elegir entre comunistas, fascistas, liberales, progresistas, anarquistas, feministas, machistas, negros, asiáticos, blancos, heterosexuales, homosexuales, lesbianas, transgéneros, o un largo etcétera, incluidos los habitantes del pueblo de al lado. Si eres creativo, y quieres iniciar un movimiento social imaginario, puedes inventar tu propio enemigo, incluso diseñándolo tú mismo, aunque a priori parezca una completa estupidez. Por ejemplo, “Los Proturianos” sociedad secreta que controla a los gobiernos mundiales, y cuyo objetivo es eliminar el color azul en el mundo.

3- Una vez hemos elegido nuestro enemigo, vamos a crear un discurso en el que, por supuesto, le vamos a culpar de todos los males de la sociedad. Debemos tomar consciencia de que a partir de este momento ya no existen los tonos grises, los matices, ni el espacio para la discrepancia. Todo es blanco o negro, bueno o malo, sin posibilidad de discusión.

4- Ahora ya tenemos a nuestro enemigo y nuestro discurso contra él. Ha llegado el momento de elevar nuestra argumentación de teoría a dogma. La ventaja del dogma es que no necesitaremos demostrar nada. Nos encontramos ante un asunto de fe, y por lo tanto, incuestionable.

5- Llegados a este punto, debemos encontrar a nuestros adeptos. Cuanto más débil sea la persona, más frustrada emocionalmente, más inadaptada y más falta de cariño tenga, más sencillo nos resultará  atraerlo a nuestro grupo. Esta tipología de individuos es fácilmente sugestionable, ya que con toda seguridad, nunca han pertenecido con anterioridad, por su carácter solitario y asocial, a ningún colectivo. Tras un periodo inicial de alabanza hacia ellos, algo de lo que nunca han disfrutado, para hacerles sentir medianamente cómodos, debemos meterles en la cabeza que el causante de todos sus problemas es el enemigo que previamente hemos creado. Este adversario es el que le impide crecer como persona, el que usurpa sus derechos, el que roba lo que le pertenece, el que le oprime. En definitiva, el causante de todos sus males.

6- Cuando ya tenemos unos adeptos que han comprendido nuestro discurso, comienza la labor de convertirlos en radicales. Deben aprender tres o cuatro frases que hay que repetir hasta la saciedad, convirtiéndolas en un tantra cuasi religioso. Ejemplo: “Los Proturianos gozan de todos los privilegios; Los Proturianos son la clase dominante, etc.” Hay que hacerlos sentir útiles, importantes, seres bañados de la luz espiritual, defensores de la verdad universal, y nuestros mensajeros ante el mundo, para esparcir nuestros conocimientos y construir una nueva sociedad. En definitiva, convertirlos en voceros del dogma.

Que te aproveche tu nuevo estatus de líder mundial.