Treinta días recluidos y sin posibilidad de rebaja de condena. No sé si este método del confinamiento es el mejor posible. De hecho, según tengo entendido, en países como Corea del Sur no lo han aplicado y, sin embargo, tienen menos contagiados y muertos (oficialmente) que nosotros. ¿Puede ser que mientan? Puede ser, sí. En realidad, todos los gobiernos mienten, y quien piense lo contrario es un ingenuo o un idiota. La pregunta sería… ¿Cuál es el nivel de mentira en cada régimen? A mi modesto entender, la respuesta es directamente proporcional al nivel de libertades de cada país. Solo un loco, o una persona convencida por el dogma del régimen (nazi, fascista, franquista, comunista) podrían negar que la información que nos ofrecen, está totalmente manipulada. ¿Alguien se cree que en Corea del norte no hay ningún contagiado? ¿Alguien cree la cifra de muertos en China? ¿Alguien se cree la cifra de muertos en España? Y mientras tanto, nosotros aquí, felices, tragándonos su mierda como buenos súbditos.
Treinta putos días, y lo que nos queda. Esto es eterno, no sé cómo la gente puede aguantarlo. No tengo claro qué día podremos salir, si es que podremos hacerlo en algún momento. Para un estado esta situación es genial. Miremos esto de un modo pragmático. No hay gente en la calle, nadie molesta, los medios de comunicación están controlados, y se decide que sectores son los que van a trabajar y los que no, en función de las necesidades de nuestros líderes. Este es exactamente el sueño de la antigua Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Planificación total de la economía y los movimientos ciudadanos. Y es un dulce demasiado apetecible para que en algún momento, el estado renuncie a él. Además tiene el apoyo total de la ciudadanía, contentos en su confinamiento, y denunciando a los que no lo cumplen. Porque esa es otra, la creación del movimiento de ayudantes de la Gestapo, que desde sus garitas en los balcones, controlan que nadie incumpla las normas. Estaban hablando en los canales de desinformación, sobre la obligatoriedad de la utilización de mascarillas en cuanto salgamos de la cárcel. ¿Cuántos amigos de políticos se van a lucra con este negocio? Ninguno, por favor… nuestros gobernantes son seres de luz, y no utilizan información privilegiada para enriquecer a sus allegados. Nunca en la historia de la humanidad se ha dado un caso de tráfico de influencias.
Algunos afirman que se repartirán mascarillas entre la población, pero dudo que sea de un modo gratuito. Podríamos renunciar al presupuesto de las próximas elecciones, y utilizarlo para financiasr estas mascarillas (menuda tontería he dicho) Pero, si quieren repartir cosas, yo propondría el envío a los gendarmes de balcón, de camisas pardas o negras, con la cruz gamada o la hoz y el martillo (eso ya a gusto del consumidor). Porque no nos engañemos… Tanto monta, monta tanto, Isabel como Fernando.