Los
dolores han vuelto. Es curioso cómo cuando el clima cambia el cuerpo me
avisa, salta igual que una alarma
antiaérea. Hoy ha hecho un día cojonudo, si se pudiera salir a la calle sería
un día ideal para pasear. Por la tarde la cosa cambia, las nubes emborronan el
cielo, antes claro. A eso de media tarde la parte izquierda de mi cuerpo
comienza a retumbar, primero tenuemente, como tambores lejanos, y conforme el
día se apaga se convierte en un dolor punzante. Esos mismos tambores pasan a
ser de guerra, repicando fuertemente por todo el cuerpo. Hacia la hora de cenar
ya tengo el lado izquierdo del cuerpo totalmente entumecido, inservible, inútil.
10 años antes
La
palanca de acero pesa como un puto muerto. Apuntalo la cabeza en la parte
inferior del “útil", tengo que centrarlo sobre la mesa de trabajo, es un
componente pequeño, unos 800 kg. Bajo la prensa y aprieto los cuatro
tornillos, todo perfecto. Me percato de que la parte inferior del
chisme está descentrada, con la
naturalidad adquirida por los años de experiencia me dispongo a centrarla, mis brazos, firmes como rocas, se
tensan, la pierna derecha se consolida contra
el suelo y la izquierda se apoya en las puntas de los dedos del pie. Las manos aferran
la palanca firmemente, tiran hacia arriba con fuerza, y la palanca hace su trabajo. Veo cómo el útil cede, ya lo doy por hecho, cuando, de golpe, ¡crack!
Siento un chasquido seguido de una descarga eléctrica que me paraliza de
inmediato, mis piernas no
responden, me caigo al suelo sin sentir
ningún dolor. Tendido en el suelo puedo intuir que el terrorífico ruido proviene
de la espalda, me intento mover, pero es
inútil, una oleada de dolor me golpea con rabia, sin clemencia, descargas eléctricas invaden todos mis nervios.
El pie izquierdo se retuerce en espasmos involuntarios. Una vez en el hospital
un médico con aspecto de pagafantas me dice: “Señor Alarcón, su columna vertebral se ha desplazado casi un
centímetro. La vertebra afectada es la L5 S1. Has tenido suerte, con SECUELAS pero
saldrás de esta”. Quirófano… dolor… meses de recuperación… faja ortopédica, más
dolor y, finalmente, el alta.
En unos pocos meses volví al curro, los dolores de espalda nunca han remitido, lo
más molesto son los calambres que adormecen la pierna izquierda, una ligera
cojera y sensación de fragilidad en la parte baja de la columna. Aun así no
impidieron que trabajara en lo mismo, era joven, era invencible, “si sientes dolor es que
estas vivo”, me decía a mí mismo. Qué coño sabría yo lo que me depararía el
futuro.