Ayer pasé de soslayo por el tema que hoy voy a tratar en mi diario de un modo más amplio. Nos encontramos en el día treinta tres de reclusión… suma y sigue. Jesús tenía ese mismo número de años cuando abandonó su casa para predicar el evangelio. Ahora siento envidia de las tres palabras “abandonó su casa”, pero no de lo que le ocurrió después, aún a sabiendas de que a muchos el futuro nos depara el mismo destino de crucifixión. No es que sea devoto del cristianismo, y menos aún si lo tomamos como la versión adulterada de la santa madre Iglesia. Pero, en principio, el Hippie tenía buenas intenciones. Todas esas cosas de amar al prójimo, de el que tire la primera piedra que esté libre de pecado, etc., no dejan de ser bienintencionadas. Y así le fue, se lo cargaron en cuanto tuvieron la oportunidad. El mundo es una jungla, y tranquilos, que más espesa se va a poner. Malos tiempos para la lírica, como cantaban los Golpes bajos, y peores para los principios cristianos. La piedad, la empatía, la caridad, el sentimiento de ayuda al prójimo han muerto en la mayoría de las almas de los humanos. Bienvenidos al fin del cristianismo.
La cuarentena ha sacado a la luz algo que ya llevábamos dentro, pese a estar dormitando. Ha despertado al monstruo de la avaricia, el rencor, la envidia y el egoísmo. Desde los días previos al confinamiento, la gente ya hizo acopio de cosas básicas como el papel higiénico. Tras eso, se vaciaban estanterías de las supermercados como si no hubiese un mañana ¿Pensaban en los demás? En absoluto. A las personas les importa una mierda lo que les pase al prójimo, tan solo se preocupan por el bienestar y la seguridad propia. Creemos que con nuestro cupo de aplausos para lavar nuestras conciencias ya está todo solucionado, aunque en el fondo sabemos que son falsos. Y lo más esperpéntico es que encima nos autodenominamos héroes. ¿De verdad sabemos lo que es un héroe? Ya sabéis que a mí me gusta “tirar” de la RAE cuando tengo dudas sobre una palabra, y ahora no podría ser menos. Veamos… “Héroe”: 1. adj. Propio del héroe (persona que realiza una acción abnegada, o persona ilustre por sus hazañas). Dicho de una persona: Reconocida por sus hazañas o sus cualidades heroicas. ¿Aún os creéis héroes? Los héroes son los que se están jugando la vida por nosotros, el personal sanitario, los empleados de supermercado, los transportistas, y un largo etc. de profesiones que no pueden estar en la seguridad de sus casas porque tiene que servirte a ti. ¿Y cómo se lo pagamos...?
La cuarentena ha sacado a la luz algo que ya llevábamos dentro, pese a estar dormitando. Ha despertado al monstruo de la avaricia, el rencor, la envidia y el egoísmo. Desde los días previos al confinamiento, la gente ya hizo acopio de cosas básicas como el papel higiénico. Tras eso, se vaciaban estanterías de las supermercados como si no hubiese un mañana ¿Pensaban en los demás? En absoluto. A las personas les importa una mierda lo que les pase al prójimo, tan solo se preocupan por el bienestar y la seguridad propia. Creemos que con nuestro cupo de aplausos para lavar nuestras conciencias ya está todo solucionado, aunque en el fondo sabemos que son falsos. Y lo más esperpéntico es que encima nos autodenominamos héroes. ¿De verdad sabemos lo que es un héroe? Ya sabéis que a mí me gusta “tirar” de la RAE cuando tengo dudas sobre una palabra, y ahora no podría ser menos. Veamos… “Héroe”: 1. adj. Propio del héroe (persona que realiza una acción abnegada, o persona ilustre por sus hazañas). Dicho de una persona: Reconocida por sus hazañas o sus cualidades heroicas. ¿Aún os creéis héroes? Los héroes son los que se están jugando la vida por nosotros, el personal sanitario, los empleados de supermercado, los transportistas, y un largo etc. de profesiones que no pueden estar en la seguridad de sus casas porque tiene que servirte a ti. ¿Y cómo se lo pagamos...?
Me asquea ver en las redes sociales noticias de comunidades de vecinos donde se publican mensajes como este: “Por favor, no vuelvas a casa, el estado tiene refugios para el personal de la salud, no vuelvas más”, o la ilustradora imagen de un coche de una doctora donde le han escrito con pintura “Rata contagiosa”. ¿Veis? Yo tengo claro quién es el héroe y quién el villano. Los subnormales que escriben este tipo de cosas deberías pillar el virus, y al llegar al hospital el sanitario no tendría que atenderlo, no sea que se contagie del bicho y de su aura negra.
Son malos tiempos para la lírica…