Día 33, a 16 de abril de 2020
Hoy día está de moda el entretenimiento como forma de arte, algo realmente abominable; el arte tiene que hacerte sentir algo positivo, negativo o simplemente sin determinar. Cualquier creación artística que no me haga sentir nada, aunque me entretenga, me sigue pareciendo una puta patraña. Desde que lo escuché por primera vez siempre me gustó Waylon Jennings, al igual que todo el country y el bluegrass de calidad, me lleva mentalmente a un horizonte interminable donde poder recorrer miles de kilómetros sin encontrar un alma. En fin, mis mierdas y procesos mentales que realmente no importan un puto carajo a nadie, pero que se jodan esos don nadies del mundo. A nadie le importa que
sangren las flores no es solo el título de un poemario de Juan Cabezuelo, si no algo que pienso continuamente mientras estoy realizando mi funesta tarea de desbrozado. Es cierto, a nadie le importa que sangren las flores, pero a mi sí, por pura obligación; soy un hijo de puta que a cambio de un puñado de dólares hace que sangren las flores. Un parte fundamental de mi trabajo es destruir completamente esas flores que no tienen una buena consideración social, algo así como un miembro de los Einsatzgruppen controlando de forma violenta a los elementos vegetales indeseables. La jardinería es otro ejemplo más de cómo los humanos creen poder controlar la naturaleza, una muestra de poder civilizador contra nuestros propios orígenes.
Leer las crónicas de Cabezuelo me ha llevado a pensar en otras cosas en los dos últimos días, mientras hago sangrar a las flores, en el estoicismo, pese a encontrarse al límite. He estado al borde del abismo muchas veces, de hecho no me separo de allí ni pudiendo, para no olvidar nunca donde se encuentra. A toda persona al borde del colapso le habrá apetecido alguna vez volarse la puta tapa de los sesos, pero hay que sobrevivir, siempre sobrevivir, realmente importa una mierda a dónde te lleven tus pasos. Luego ves a personajes patéticos tratando de llamar de atención amenazando con suicidarse, para eso prefiero a los que saltan al campo en pelotas en medio de un partido de fútbol. Esos falsos suicidas me dan asco, por tomarse de esa manera el ritual ancestral de quitarse la vida. Las amenazas son solo una forma de desquitarse frente a los demás o de llamar su atención, quien tiene que hacer algo lo hace, joder. Mientras pienso en todas estas mierdas, el mundo se sigue hundiendo lentamente, la escoria política sigue con sus infantiles jueguecitos de poder, la policía hostiando a quien se atreva a hacer lo que se supone que no debería y este denigrado planeta sigue girando lentamente esperando a que nos muramos todos de una puta vez. Mi vida sigue su curso, con mi lata de birra, mi cigarro consumiéndose, un día más viejo y esperando a estar 24 horas más cerca de la sabiduría.