sábado, 18 de abril de 2020

Día 34. Insomnio y atracón de mici.

Día 34, a 17 de abril de 2020

Una noche horrible: insomnio y pesadillas en los pocos ratos en los que he logrado dormir. Si no me llega a despertar Ioana no sé ni si hubiera llegado al trabajo, aunque he llegado como veinte minutos tarde y entrado por una puerta por la que no accede nadie. Mi compañero no dice nada nunca, hay buen rollo y nos cubrimos mutuamente con los percances. En los últimos ocho años me han dado dos ataques epilépticos, los médicos no encuentran ninguna causa aparente y solo me recomiendan que duerma bien; tendré algún puto cable suelto en el cerebro. Cuando no puedo dormirme y al día siguiente tengo que madrugar, eso me causa una terrible ansiedad, que hace que me resulte más difícil
dormirme.
   Si no duermo como es debido me empiezo a encasquillar al hablar, como una especie de tic nervioso en la mandíbula, y así comenzaron mis dos ataques epilépticos. Aunque haya ido al curro con dolor de cabeza y el pensamiento nublado, he estado casi toda la mañana solo y he tenido que relacionarme poco; perfecto para mis molestias cerebrales. Una vez concluida mi jornada laboral de asesinato vegetal en masa, he regresado a casa, me he dado una ducha caliente, me he servido una copa y me he puesto a cocinar. Después de un atracón inhumano a base de mici y ensalada de repollo he caído como un árbol en mitad de la montaña. Tres horas de siesta y sigo igual de empachado, joder, debería controlarme un poco.
   Hoy me he enterado de que por fin a mi hermano le han concedido el paro, ya iba siendo hora. Las instituciones están totalmente colapsadas, aunque llevan desbordadas mucho tiempo y eso no es nuevo, ahora es un caos total. Lo único que me sigue preocupando es la gente a la que quiero, el mundo me importa una mierda, me da igual que se mueran todos, es más, cada día tengo más ganas de que se vayan todos al infierno. Estaba teniendo un sueño rarísimo durante la siesta, hasta que se han filtrado aplausos dentro y he comprendido que estaba soñando. Es más irreal para mi cerebro todos esos patrioteros aplaudiendo desde sus balcones que cualquier sueño retorcido y perverso que pueda llegar a tener. Efectivamente, me he despertado alrededor de las 20:00, con aplausos y vítores patrióticos; puta panda de soplapollas. Ahora voy a tratar de dejar atrás este horrible día, recoger la cocina e intentar cenar algo ligero para evitar una venganza terrible por parte de mi cuerpo.