lunes, 20 de abril de 2020

DÍA 35: LA FUGA DE LOGAN




Son las 4:30 AM,  Raquel está durmiendo, sus leves ronquidos son relajantes, me levanto a beber agua para después volver a la cama.  Cierro los ojos, intento volver al mundo de Morfeo. No puedo, la ansiedad se apodera de mí, un leve dolor de cabeza se apodera del hipotálamo y mi ritmo cardíaco se desboca,  no voy a poder dormir.  Me levanto, me pongo el chándal y las bambas, con un ligero silbido, Haru (mi perra) viene a toda hostia. Salimos del bloque de edificios, tres minutos después ya estoy en plena montaña.
    Conforme voy subiendo la primera cuesta la respiración se acelera. “¡Joder! Estoy en baja forma!”. Tantos días encerrado me están pasando factura. Una vez alcanzo la cúspide de la montaña, me detengo, necesito oxigeno para mis castigados y ahumados pulmones,  la respiración vuelve a su
estado normal,  me lío un Golden,  observo las luces perezosas del pueblo, quietud. Una oleada de tranquilidad invade todo mi ser. Mientras fumo el dolor de cabeza desaparece.
    Desde mi posición elevada puedo ver el pueblo en su conjunto,  son las 5 AM,  lo único que rompe este marco de calma son las luces azules de los mossos de escuadra,  puedo diferenciar  tres patrullas.  Me preocupa el control férreo al que están sometiendo a la población.  La sensación de bienestar se evapora de inmediato, ni tan siquiera puedo escapar “del sistema" en este paraje.  Cuando yo me creía que realizaba una FUGA DE LOGAN con éxito no es más que un espejismo, me siento como una rata de laboratorio soltada en un laberinto, controlada férreamente por científicos.
Respiro una bocanada profunda de aire fresco, hoy lloverá, fijo. Me voy para casa, necesito un café.  Bajo con paso tranquilo hacía casa.
    Con el café en mi mano derecha y el pitillo en la otra me asomo por la ventana,  una patrulla de policía pasa por mi calle,  un rictus de amargura embarga mi rostro. “¡Hijos de puta!”, me acabo la ración cafeínica, apago el pitillo. Me vuelvo a la cama. Intento ser sigiloso,  no lo consigo,  despierto a Raquel. “Tranquila, cielo, es muy temprano, vuelve a dormir”, con los ojos cerrados apoya su mano en mi pecho,  con la punta de sus dedos va haciendo círculos en mi piel, su mano baja lentamente hacia mi entrepierna,  mi polla se pone dura… me la masajea lentamente, en poco tiempo mi particular FUGA DE LOGAN se transforma en la corrida de Logan. Me relajo… me duermo.