lunes, 20 de abril de 2020

Día 36. La era de la Contrarrevolución

Día 36, a 19 de abril de 2020

Después de un día de descanso y ocio, me siento en la silla robada de mi habitación; aquella silla que mi padre hurtó de un lugar que ni tan siquiera quiero nombrar. Eso sí, yo no debo robar nada, en una jugada más del famoso haz lo que yo diga pero no lo que yo hago. Menos mal que no hago ni puto caso a la que supuestamente debería ser la brújula moral de mi vida y como ya he dicho anteriormente, fue mi hermano quien me dio unos valores; uno valores bastante sencillos basados en hacer lo que me saliera de los cojones, pero siendo consecuente y sin andar jodiendo a los demás.
   Todo esto de los valores me recuerda al sistema educativo actual de este país y su enseñanza sobre las revoluciones. Hoy día parece que vivimos en una era completamente contrarrevolucionaria,tenemos un estado de bienestar basado en múltiples revoluciones sociales anteriores; una maquinaria burocrática perfectamente engrasada para que todos vivamos con nuestras necesidades cubiertas y tiempo de ocio. Esa es la teoría, por supuesto, y quien se rebele contra ese estado del bienestar y la podredumbre de sus cimientos, será un terrorista que está atentando contra esa buena vida de sus conciudadanos. En colegios e institutos se nos enseña sobre la heroicidad de los antiguos revolucionarios, personas que se opusieron a tiranías e invasores extranjeros. Cuando se nos habla de esas revoluciones siempre se quita de la ecuación el factor económico, que realmente ha estado detrás de la mayoría de las sublevaciones, y digo la mayoría por no decir todas. Se nos pone de ejemplo a esos patriotas que regaron con su sangre y la de los tiranos el árbol de la libertad, en palabras de Thomas Jefferson. Según el señor Jefferson esa sangre es el fertilizante natural de la libertad, pero también debemos pensar que es un tipo de su tiempo. Pese a todo lo dicho anteriormente, por otra parte se nos insta a no rebelarnos contra lo establecido; el trabajo ya lo hicieron otros y nosotros solo tenemos que tumbarnos debajo de ese árbol a disfrutar de su sombra. Cualquier forma de opresión ejercida contra el pueblo se vende como una garantía de mantener sus libertades, algo completamente absurdo pero cuyo mensaje cala en las mansas aguas de la masa social. Cuando una corporación extranjera se asienta en otro país a explotar sus recursos naturales y humanos, se vende como el precio del progreso; el progreso de los poderosos por supuesto. Esta era me parece que debería llamarse la Era de la Contrarrevolución, porque se nos insta continuamente a ser dóciles; la docilidad es la cualidad más valorada en una persona, no importa que seas un genio o un absoluto inútil, lo importante es que obedezcas.
   Hace unos días me envió mi cuñada una noticia en la que publicaban que el gobierno iba a rastrear redes sociales buscando “discursos peligrosos”, me pregunto qué cojones será un discurso peligroso; supongo que será cualquier discurso que inste a la gente a rebelarse contra lo que crean injusto. Seguramente mis palabras sean un discurso peligroso, nunca me consideraré un terrorista aunque me acusen de ello en un futuro. Soy una persona tranquila que solo quiere que la dejen en paz, nada más.