Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, no morirá jamás… levántate y anda. Tras dos días de abandonar mi diario, vuelvo a las andadas. No es que no me apeteciese escribir, en realidad me apetecía, y mucho. Han sido un par de días en los que he estado ocupado dando contenidos a la página de Facebook del bar que regento (ya os he hablado de él en otras ocasiones). No por eso he dejado de seguir los diarios de mis compañeros salvajes, si no fuera por ellos este confinamiento se haría más duro e irreal, ya que hablan sin tapujos de lo que sienten en realidad en este encierro, sin edulcoraciones, sin mentir y autoengañarse en la confianza de que nuestros líderes están velando por nosotros. No digo que no hagan nada, solo digo que no todo lo que hacen es perfecto, y eso no es ser destructor, es ser realista ante unos hechos. Creer que todo es ideal es una droga demasiado peligrosa, un viaje psicotrópico que solo tiene como parada final la muerte. Cuestionarse cosas es bueno, es lo que hace que algo funcione. Nadie tiene la verdad absoluta, ni el gobierno ni nosotros, y el que así lo crea, está perdido en su mar de ignorancia supina.
Estamos ante un trágico día de la marmota en el que podría llegar un momento que, en mi diario, se pudiese repetir lo del día anterior hasta el infinito. Aunque hay cosas que no dejarían de sorprenderme si no fuese porque las he soñado en infinidad de ocasiones.
La compra de las mascarillas defectuosas para el personal sanitario es algo esperpéntico. Y peor aún que traten de minimizar las noticias dando escusas baratas. Los medios están comprados, y a los que no han podido comprar, los van a prohibir. Pensad que toda información que no esté acorde con el discurso del gobierno es tendenciosa y falsas, es algo de un régimen totalitario. ¿Quién decide lo que es falso o verdadero? Los ideólogos de nuestro politburó (o IV Reich. A mi todos los dictadores me parecen iguales) por supuesto. Los mismos que nos decían que este virus era una simple gripe, ahora nos van a decir que les hagamos caso en absolutamente todo lo que nos digan. No sé, yo no termino de estar muy convencido con prohibir lo que no nos guste. ¿Es posible que se cierre por orden gubernamental estos diarios? Pues, podría ser si no fuera porque somos unos desgraciados a los que leen cuatro personas. Pero si tuviésemos más repercusión, sin duda seriamos cazados por los esbirros del poder. Algo bueno tenía que tener ser un mindundi. Lo cierto es que poco a poco nos vamos convirtiendo en un tipo de estado opaco que no me gusta nada, donde algunos miembros de las fuerzas de seguridad se están extralimitando. Supongo que tener a todo el pueblo encerrado en casa, calladito en cuanto a críticas contra los líderes, obediente con todas las medidas, y que además ejerce de policía denunciando a conciudadanos, es totalmente orgásmico para un caudillo. A mí me recuerda mucho a días pretéritos. El otro día me pasaron por un grupo de WhatsApp un vídeo que se veía a un loco bailando solo en la calle la canción Resistiré a las ocho de la tarde, mientras sus vecinos le increpaban desde los balcones. Aparecieron varias patrullas de policía, y no se contentaron con inmovilizarlo, sino que le repartieron varios golpes de porra, algo totalmente inhumano. Y lo peor es que la gente no protestaba, jaleaba a los sheriffs, los aplaudía y animaba a dar más duro. ¿En que nos estamos convirtiendo? ¿Haríamos lo mismo si los apaleados fuésemos nosotros?
Estamos ante un trágico día de la marmota en el que podría llegar un momento que, en mi diario, se pudiese repetir lo del día anterior hasta el infinito. Aunque hay cosas que no dejarían de sorprenderme si no fuese porque las he soñado en infinidad de ocasiones.
La compra de las mascarillas defectuosas para el personal sanitario es algo esperpéntico. Y peor aún que traten de minimizar las noticias dando escusas baratas. Los medios están comprados, y a los que no han podido comprar, los van a prohibir. Pensad que toda información que no esté acorde con el discurso del gobierno es tendenciosa y falsas, es algo de un régimen totalitario. ¿Quién decide lo que es falso o verdadero? Los ideólogos de nuestro politburó (o IV Reich. A mi todos los dictadores me parecen iguales) por supuesto. Los mismos que nos decían que este virus era una simple gripe, ahora nos van a decir que les hagamos caso en absolutamente todo lo que nos digan. No sé, yo no termino de estar muy convencido con prohibir lo que no nos guste. ¿Es posible que se cierre por orden gubernamental estos diarios? Pues, podría ser si no fuera porque somos unos desgraciados a los que leen cuatro personas. Pero si tuviésemos más repercusión, sin duda seriamos cazados por los esbirros del poder. Algo bueno tenía que tener ser un mindundi. Lo cierto es que poco a poco nos vamos convirtiendo en un tipo de estado opaco que no me gusta nada, donde algunos miembros de las fuerzas de seguridad se están extralimitando. Supongo que tener a todo el pueblo encerrado en casa, calladito en cuanto a críticas contra los líderes, obediente con todas las medidas, y que además ejerce de policía denunciando a conciudadanos, es totalmente orgásmico para un caudillo. A mí me recuerda mucho a días pretéritos. El otro día me pasaron por un grupo de WhatsApp un vídeo que se veía a un loco bailando solo en la calle la canción Resistiré a las ocho de la tarde, mientras sus vecinos le increpaban desde los balcones. Aparecieron varias patrullas de policía, y no se contentaron con inmovilizarlo, sino que le repartieron varios golpes de porra, algo totalmente inhumano. Y lo peor es que la gente no protestaba, jaleaba a los sheriffs, los aplaudía y animaba a dar más duro. ¿En que nos estamos convirtiendo? ¿Haríamos lo mismo si los apaleados fuésemos nosotros?
Dios, yo estaba muerto y tranquilo, ¿por qué coño me has resucitado?