jueves, 23 de abril de 2020

Día 39. El Culto al Cargo.

Día 39, a 22 de abril de 2020

Sueños extraños e irreales, levantarme como si tuviera una losa encima de mi cuerpo, tomar un café, vestirme, coger las cosas para el curro y darle un beso a mi mujer. Llego al tajo y me informan de que ha estado por allí un inspector del ayuntamiento comprobando que se está trabajando en las instalaciones; el tipo dice que tienen previsto abrir las piscinas municipales a primeros de julio, y el gimnasio en octubre. Al oír tales previsiones pongo los ojos en blanco, resoplo y suelto una carcajada hueca; ni tan siquiera el gobierno sabe cuándo se va a abrir nada, pero a los pequeños gobiernos locales les gusta darse aires de poder y pavonearse por ahí. Vuelvo a casa y paso otra tarde estupenda que ya se ha consumido.
   En varias islas del Pacífico surgió el Culto al Cargo a raíz del contacto con los occidentales. Estos transportaban productos manufacturados a pequeñas poblaciones que habían tenido poco contacto o ninguno con la «civilización». Todos conocemos las tácticas de la supuesta civilización con esos pueblos: ofrecerles productos de escaso valor para ganarse su confianza y después explotar sus recursos. En Culto al Cargo es básicamente divinizar la procedencia de esas mercancías, en la creencia de que hay deidades que les envían esos regalos; también influyó el transcurso de la Segunda Guerra Mundial y el paso de los estadounidenses por esas islas remotas junto con su descomunal logística. Nos puede parecer completamente absurdo esa divinización, sin embargo hay muchas voces de gente de a pie que opina que el dinero tiene que ir a las grandes empresas y a los bancos para que el sistema siga funcionando en estos momentos.
   Las grandes empresas y sus dueños son para muchos como el Cargo, unos seres que crean el dinero de la nada y lo reparten como un regalo para que todos podamos vivir; sin ellos la producción de riqueza y una sociedad con las necesidades cubiertas sería impensable. Estamos en el siglo XXI, con un acceso casi ilimitado a la información, pero una gran parte de la masa social no tiene una visión mucho más amplia de la que tenían esos pueblos. Mucha gente no se da cuenta de que el productor de la riqueza no es el empresario, sino el trabajo, y que sin su mano de obra ellos no tendrían bienes que poder administrar; esto ya no solo es cosa de la información, es una cuestión de inteligencia, y está claro que el listón está muy bajo. ¿Acabaremos llegando a una divinización de los grandes empresarios y entidades bancarias? Suena descabellado, pero tampoco me extrañaría, viendo las corrientes de pensamiento colectivo actual, o más bien la falta de pensamiento. Ahora pongamos unas velas a los dueños de los medios de producción y oremos a nuestros nuevos dioses para que no nos falte una explotación desmedida.
   Cerveza, chupito doble de whisky y otra birra. Cenar y otra noche de sueños extraños para prepararme para un mundo más extraño aún que el que pueda generar mi subconsciente.