Ahora:
Estoy
estirado en el sofá, mirando distraído el techo de la habitación, el día amanece
perezosamente, el sol se niega a calentar la atmósfera, los días de lluvia han
refrescado el ambiente.
2025: 5 años después
La
llama viva inunda con fulgor toda la chabola, la observo distante, los
días de lluvia ácida impiden las incursiones de abastecimiento. Sin alimentos
ni agua el poblado de chabolas está en el filo de la navaja. Los llantos de los
niños ya no me producen ninguna sensación, caen en saco roto. He perdido todas
las cualidades que me diferencian de las bestias. El calor de la hoguera no me
calienta ni me reconforta. Me encuentro
solo dentro de la cabaña, hecha de palés y plásticos, ya ni recuerdo lo que es
convivir con otra persona, han pasado cuatro años desde LA GRAN FRACTURA.
Primero fueron las geolocalizaciones, a
través de nuestros dispositivos móviles podían ubicarnos en cualquier momento y
lugar. En un principio nos dijeron que era el método más efectivo para
controlar a las personas infectadas por el Covid. El miedo es un arma cojonuda
para someter al rebaño, millones de personas se descargaron la APP de
inmediato, sin preguntas, todo lo contrario, agradecidos de ser motorizados. Los que no lo veíamos muy claro y nos negamos
al control de nuestro estado de salud nos administraron un no-pase, pretendían
mantenernos confinados en casa indefinidamente, hasta que nos sometiéramos a la
motorización o hasta que nos muriésemos de inanición en nuestros hogares, sometidos
al control férreo de la no-policía: nuestros propios vecinos.
Más tarde fue el traslado masivo de los no-pase,
nos desplazaron a los campos de contención llamados Neo-suburbia. Niños,
mujeres y hombres sin los recursos económicos necesarios para continuar en sus
hogares, sin recursos económicos no hay alimentos. La primera oleada de no-pases fue lo más
parecido al éxodo de Moisés y su pueblo judío,
fue masivo. Campamentos sin electricidad ni agua corriente, Neo-suburbia prometía una media de vida muy
corta, esa era la intención de los
líderes, ya no estábamos gobernados por la casta política, el estado de
excepción fue el detonante para que el nuevo/viejo orden social se imponiera,
los militares.
Sin recursos económicas los no-pase tuvimos
que recurrir al pillaje como forma de vida,
aunque volvimos a la agricultura y la ganadería fue una involución que no
nos daba los frutos deseados, miles de
años de consumismo desaforado al servicio del libre mercado nos atrofiaron la memoria genética, perdimos todo lo
aprendido por nuestros antepasados. Las únicas sociedades que aún conservan
algo de humanidad son las comunistas, pero eso es otra historia, me dispongo explicar el aquí y ahora.
Continúa
en el día 41