Me duele la espalda, los hombros y el cuello; estamos a jueves y ya estoy para el puto arrastre. Si al menos cobrase el doble no me quejaría, al fin y al cabo todos somos una panda de prostitutas baratas que venden su cuerpo por una miseria; como si nos fueran a dar otra carcasa cuando esta se nos vaya a la mierda. Al llegar a casa ha tocado experimento culinario, hacer una salsa de melocotón para un solomillo de cerdo asado. Ioana y yo hemos comido como si fuéramos a morir mañana y he caído en una siesta de dos horas y media. Me he puesto mis ropas más elegantes para ir a por birras y comida para los gatos que tenemos en el curro. Un niño histérico gritaba desde el bloque de enfrente a la gente que se quedasen en casa durante al menos un cuarto de hora, me ha puesto de mala hostia y he acabado gritándole que cerrase el puto pico.
Vivo rodeado de hombres de barro endurecido al sol, que mientras este brilla se mantienen firmes y en una absurda creencia de indestructibilidad. Cuando empieza a llover, el hombre de barro se deshace hasta acabar completamente descompuesto si no cesa la tormenta; ese aguante que cree tener mientras el clima es amable no es más que una mentira que se repite a sí mismo como si fuera un mantra. Ese es el tipo de humanos que más abundan, los que cuando llegan malos tiempos se vienen abajo por completo y sin ningún tipo de resistencia. El afán de crear un mundo seguro en el que vivir y vender ese mundo seguro con tanta convicción ha creado a este tipo de seres. El mundo siempre ha sido un lugar peligroso y siempre lo será, la muerte siempre ha acechado detrás de cada esquina, y convencer en la creencia de que nada malo puede pasar únicamente debilita a las personas.
Mientras tanto, los héroes de Protección Civil se pasean con sus vehículos poniendo música por los altavoces como si estuviésemos en mitad de las fiestas patronales; no informan de normativas por las que te pueden caer una multa de cojones, eso no, se dedican a hacer el gilipollas. Uno de esos tipos de Protección Civil va de vez en cuando por mi trabajo a hacer inspecciones, y si han ido dejando que abran las peligrosas piscinas municipales es porque es un incompetente o bien está untado. Ese es uno de los tipos de héroes que nos están vendiendo, y los otros simplemente son personas que están haciendo su trabajo. Yo soy mi propio héroe, por el mero hecho de no haberme subido a un campanario con un rifle para dejar la calle como el mostrador de una casquería.