viernes, 24 de abril de 2020

Día 41. Fe ciega.


—Oremos hermanos.
    »Líderes nuestros, que estáis en el gobierno, santificado sea vuestro nombre, venga a nosotros vuestro Reino, hágase vuestra voluntad así en las calles como en nuestra casa. La noticia propagandística de cada día dánosla hoy, y no perdonarnos nuestros impuestos, así como nosotros tampoco perdonamos a nuestros deudores, y no nos dejéis caer en los bulos que os critican, más librarnos del virus. Amén.
    »En el nombre del Presidente, del consejo de ministros, y de los científicos expertos del gobierno.
    »Amén.
    »El líder esté con vosotros.
    —Y con tu espíritu.
    —Hermanos: Para celebrar dignamente estos sagrados misterios, reconozcamos nuestros pecados.
    »Yo confieso ante nuestro caudillo todopoderoso y ante vosotros hermanos, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión. Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.

Evangelio según Perico de los palotes (15, 3-7)
    Todas las gentes y los pecadores se acercaban a él (a nuestro líder) para oírle, y los fariseos y los generadores de bulos murmuraban, diciendo: «Este acoge a los que no comulgan con sus ideas y come con ellos.» Entonces les dijo esta parábola: «¿Quién de vosotros que tiene cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto, y va a buscar la que se perdió hasta que la encuentra? Y cuando la encuentra, la pone contento sobre sus hombros; y llegando a casa, convoca a los amigos y vecinos, y les dice: 'Alegraos conmigo, porque he hallado la oveja que se me había perdido'». Os digo que, de igual modo, habrá más alegría en el estado por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no tengan necesidad de conversión.
    ¿Qué significa esta parábola, hermanos? Que para nuestros gobernantes es importante convencer y recuperar a la resistencia, que hay que hacerles volver al buen camino. ¿Y si no lo hacen? Me preguntaréis. Pues que el castigo del Líder caiga sobre ellos en forma de presidio o sacrificio.
    —Creo en el líder, Padre todopoderoso, Creador del gobierno y del nuevo estado.
    ​»Te rogamos, óyenos.
    —Podéis ir en paz, hermanos.

Te preguntarás, ¿qué narices me ha pasado en el diario de hoy? Igual ahora comprenderás porque me llaman Lynch. No es solo por mi aterciopelado y precioso cabello canoso peinado con un estilo divino, ni por mi innata elegancia. No, amigo, no. Es porque en algunos capítulos (llámalos diarios) se me puede ir la pelota de una manera bárbara. Si en una serie magistral como «¿Quién mató a Laura Palmer?» al tito David se le fue tanto la pinza que se quedó con nosotros, permitidme este pequeño homenaje, y que yo me quede hoy con todos vosotros.