Día 43, a 26 de abril de 2020
Quedan 59 minutos para la medianoche; para la medianoche del lunes, la medianoche del domingo, la del ser humano, la de otra noche de primavera o para la de mi propia persona. No sé cuál es la medianoche que espera, pero sigo intentando descifrar el mensaje, aunque quizá solo sea un mensaje creado por mi propio estado de embriaguez, de ira homicida nocturna, de tristeza irresoluble, el de un sentimiento extraño con el que me marcaron a fuego al nacer. Hoy Ioana se ha ido a su nueva ubicación, el viejo supongo que volverá mañana y no sé a qué tendré que enfrentarme; de momento me enfrento conmigo mismo y con una serie de malos sentimientos que llevo años tratándome con notable éxito. Tanto tiempo, tantísimo tiempo con un pie en el abismo, que al final nunca te puedes alejar demasiado de él, aunque sea para echar una ojeada de vez en cuando. Me encanta el abismo, es un lugar misterioso y oscuro, toda una aventura, pero a su vez no quieres caer en él por si esa aventura resulta ser una puta mierda de la que no poder salir. El abismo está en todos, es parte de la existencia misma, algo primordial del hombre; siempre tratando de no caer en él pero con la intención de construirse una bonita casa con porche desde la que poder tomar unas birras observándolo. Lo que me ha alejado del abismo ha sido mi hermano y Ioana, son ese rayo de luz en mitad de las tinieblas, los que evitan que haga alguna barbaridad y me desboque completamente. He intentado acabar con la ira, puedo vivir en armonía conmigo mismo, pero sigo sabiendo que hay algo oscuro en mi interior esperando su oportunidad; no puedo darle una oportunidad y no se la daré. Sigue habiendo días, noches, momentos, en los que me doy miedo a mí mismo; inadmisible, no puedo mandar a tomar por culo mi paz interior y mi filosofía zen, incluso me siento miserable cuando dudo de mi propia espiritualidad.
Quedan 44 minutos para la medianoche, no sé cuanta priva llevo en el cuerpo y tampoco importa demasiado. Hace un rato he hablado con el Gafas, un pequeño paréntesis de relax; he tenido mis más y mis menos con él, pero me alegra mucho saber que está bien y la expectativa de que siga estándolo. Suena Your are my sunshine de Johnny Cash; podría derrumbarme ahora mismo, pero no soy como esos hijoputas de los hombres de barro.