Ayer
dejaron salir a los críos, por orden del «gran líder» tenían que salir durante
una hora en toda la jornada, siguiendo una serie de normas. Como siempre, un
gran porcentaje de gente ha seguido las indicaciones del Gobierno, pero un
número muy elevado de ciudadanos se ha pasado las indicaciones por el forro.
Tengo sentimientos encontrados, por un lado puedo entender la desescalada del
confinamiento de forma lenta y segura, pero por otro entiendo las ansias de
salir de la gente, en principio era un pase para los niños, ¡mis cojones! Miles de adultos se veían por
las calles, todos bien juntos, ni distancia de seguridad ni epis ni pollas.
Como era de esperar las brigadas de balcón han vuelto a denunciar la situación,
juntamente con los palmeros de las ocho, cómo los odio, los detesto, el borreguismo
personificado.
Ha sido un fin de semana magnifico, volver
a estar todo el día con Raquel me ha servido como bálsamo ante la desidia, con
ella junto a mí la estupidez humana me resbala. Hemos comido, bebido, fumado, follado. Nada del otro mundo,
pero en su compañía todo coge otra dimensión.
No concibo una vida sin Raquel. Apenas
hemos visto la televisión, nos hemos
centrado en mirar documentales de historia, alguna peli y hemos vuelto a ver Hijos
de la Anarquía, una serie cojonuda, pese a que es la tercera vez que la
estamos viendo la disfrutamos como la primera. Conflictos familiares y de
poder, muy Shakesperiana toda la trama. El punto fuerte son las relaciones
entre los componentes del grupo, un
prisma muy básico, la supervivencia del
grupo, un compendio de personajes variopintos y salvajes, con unos códigos
éticos al servicio de la supervivencia del clan.
Mientras escribo estas palabras, Raquel se
está preparando para ir al curro, otra vez me esperan tardes solitarias, anhelando que pasen los días laborales de
forma rápida. Seguramente leeré durante
horas, es un buen método para comerme horas rápidamente, hacer la cena, compartir
un rato con mi mujer, ir a la piltra y VUELTA A EMPEZAR.