Otra
noche en blanco, no he dormido una mierda. Ayer cuando mi mujer llegó del curro
y mientras se duchaba se le rompió una vena vascular, ya llevamos más de un año
con este problema, aunque no es nada
peligroso sí que es escandaloso. Fue salir de la ducha y verle el rostro
impregnado de sangre, ella ni se percató, al no ser doloroso ella ni se coscó. Inmediatamente le aplique hielo y con una
gasa le presione la frente, una hora,
otra… así hasta tres horas haciendo presión, sin poder cortar la hemorragia.
Finalmente, con una mala hostia del carajo
decidimos ir al Hospital, a URGENCIAS. Tenemos la gran suerte que en
Campdevanol tenemos el hospital Comarcal, está a tres minutos de casa andando,
y son las 2 de la madrugada. Tocamos el
interfono, una voz con interferencias estáticas nos abrió las puertas sanadoras.
La sanidad en provincias no tiene nada que ver con los hospitales de la gran
urbe, en menos de media hora somos atendidos.
El doctor (un hombre musulmán, embozado en EPIS) nos atiende
cojonudamente, educado y próximo no nos
hace esperar más de lo necesario. Con una barrita de sulfadiacina de plata le
quemó la vena, la hemorragia cesó al instante.
De vuelta a casa nos fumamos un petardo y
para la cama. No sé por qué me
acosté, vueltas y más vueltas sin poder
convocar al rey del sueño. A las 7:30 de la mañana he decidido levantarme, mientras me fumo un Golden estoy
escribiendo estas líneas, con cada frase
que escribo más cerca de Morfeo me encuentro,
el cansancio hace mella en mí, una oleada de sueño se apodera de mi
cuerpo. Sin acabar el pitillo y finalizando este diario me voy a la cama, necesito desconectar el disco duro. No sin
antes plasmar una rápida reflexión. La sanidad pública es tan necesaria como el
comer, espero que estos días de pandemia nos conciencie de lo importante que es.
No podemos permitir la privatización masiva ni tan siquiera la selectiva de
nuestra sanidad, estoy cansado, me voy a
dormir. Mañana será otro día.