Hoy me duele la cabeza
y estoy bastante mosqueado con todo. Tengo una mala hostia que no puedo con
ella, y es real. Para remate, acabo de leer cómo tienen pensado hacer la
desescalada y me parto el culo solo con imaginarlo. Vamos a ver, hace un mes
esto era desbordante, el sistema sanitario se iba a pique, no se podía hacer
nada hasta que no hubiese una vacuna, las cifras crecían y era imprescindible
quedarse en casa encerrados para que no siguiera muriendo gente, sin embargo,
ahora, de repente, vamos a volver a una supuesta normalidad controlada. Pues no
hace falta ser muy listo para vaticinar que acabaremos en la mierda en pocos
meses, y la gente seguirá muriendo de coronavirus, y tendremos que volver a
recluirnos en nuestros hogares hasta que aparezca una solución real, y
acabaremos hasta los cojones. ¿Por qué? Porque no ha cambiado nada, todo sigue exactamente
igual. Lo único que han hecho es controlar los contagios, ya está. Y ahora estamos ante
el gran problema del ser humano, que se repite cíclicamente siglo tras siglo,
década tras década. Pero tranquilos, que nosotros seguimos sin aprender, así
nunca dejaremos de sorprendernos y la vida siempre tendrá ese halo novedoso que
tanto gusta.
Pedacito de realidad:
Ayer el crío dio una guerra espectacular, prácticamente
estuvo todo el día llorando, hasta la noche, que se durmió. Esta mañana, a eso
de las 5:39 am, se ha despertado y va por el mismo camino de hoy. Apenas me ha
dejado corregir los textos de mis hermanos de armas, casi la cago con mi mujer
debido a la mala hostia que destilo, y me he jodido el día por gilipollas y
cabrearme tanto.
Ahora me estoy tomando una birra fresca y
parece que se disipa la furia oriental. Pienso en el texto de Oscar Ryan,
hablando de nuestra hermandad, y me siento orgullosos de haber encontrado
amigos a través de las redes sociales, amigos reales, por los que daría mi
sangre llegado el caso.
Ya está bien de mierdas por hoy, lo que tengo
que hacer es arreglarme el día y volver a los chistes, los chascarrillos y las
bromas, que es lo mío. No quiero pasarme las horas como un amargado de mierda que
solo piensa en lo jodida que es la realidad y lo mucho que le apetecería
tirarse en pelotas desde un octavo piso. Tirarse en pelotas, drogado y sobre
una terraza de bar atestada de turistas alemanes.
Surrealismo existencial:
El amargor de la cerveza cae por mi
garganta. Noto el mareo, calor. Cierta alegría se hace con los mandos. Las
ganas de morir, de matar y de mentir se disipan. Mi segundo pensamiento me
alienta, me proyecta imágenes relacionadas con la muerte masiva de hijos de
puta que no merecen estar entre nosotros. Un virus inteligente que solo ataca a
gentuza asquerosa está dando la vuelta al mundo.
Me termino una cerveza y abro otra. Cuando
dejas de sentir el amargor es que empiezas a ir borracho, entonces de tu boca
solo salen dolorosas y punzantes verdades. De algún modo, mucho más poético, sigues
pensando en morir, en abandonar de una jodida vez este mundo dominado por hijos
de puta, zorras, retrasados, chulos, mierdas, pelotas, rastreros y acomplejados.
Intentas escribir bien, y dedicarte a ello, pero lo más valorado es la
incompetencia, lo cual no te deja mucho espacio.
El payaso Ronaldo llama a la puerta, le
suda la polla la cuarentena, el virus y que mueran familias enteras. Lleva un
pack de birras y unos torreznos. No quiere hablar, tan solo compartir su tiempo
conmigo y esperar a que llegue la noche para seguir con sus planes de expansión
vírica.